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martes, 30 de diciembre de 2014

EL PASILLO

No he sentido, hasta ahora, más compañía que la de un mirlo y su oponente a distancia. No consigo verlos pero marcan el camino como balizas para el navegante. El reflejo de la luz, que penetra entre los árboles, crea una sombra estelar apagada y distante. Allí está su refugio, entre las hojas mecidas por el aire del sur. Abandono el último instante de vida fugaz para cruzar el paso subterráneo, solitario, oscuro, tan ancho en su profundidad como en los gravitacionales movimientos de mi cuello escrutando esa presencia. Veo el fondo del túnel pero, de repente, me he parado. Ahora tengo miedo de cruzarlo; no son ghules, no hay ladridos ni ruidos de hojalata, ni charcos amenazadores de torpes caídas convencidas del inminente final. Ando de lado, los ojos me abrazan la nuca y mastico mi mal olor. Corro, corro hasta el final. He salido y sigo con ese escalofrío. En el negro horizonte estalla una supernova para mí.

jueves, 6 de noviembre de 2014

A MACHADO

Voy de viaje contigo, Hombre Bueno;
hago este viaje contigo sin tú saberlo,
para gritar en  esta tierra soriana
que hizo la afrenta a un ¿hombre bueno?
Voy a encontrarme con los hombres malos del campo y de la aldea,
a abrazar lo que no quiero,
voy a tierras sorianas a encontrarme con ellos,
a escuchar en las lagunas y en las encinas negras disfrazadas de Robledo.
Quiero mirarme en esos ojos grises, tristes, con brillo de acero
Y mencionar con su nombre “Alvargonzález”, muy bajo, sólo con el aliento;
sólo para mi cuello, los crímenes bestiales que por mi allí se hicieron.
Y sentir el aire del campo impregnado de silencio,
sentir el “no hay Perdón”, pero sentirlo, sólo por un momento,
para luego abrir los ojos, húmedos, pero de acero
y volver a gritos con mi sombra, ya sin ti, Hombre Bueno,
a encontrarme con mis Cuatro Torres y creerme viajero.
Vuelvo a mi locura de ciudad, a seguir siendo uno de ellos.

viernes, 31 de octubre de 2014

MARY CAMPBELL SOUTH

Mary Campbell South usaba así sus apellidos porque realmente así lo sentía. Fue en la fiesta del Orgullo, cuando vestido de traje de lino claro, feliz por su descubrimiento, se dirigió a Dorothy, que paseaba entre la multitud, y le dijo:
– ¡Soy una mujer, soy una mujer!
Momentos antes, Mary Campbell South había bajado las escaleras de madera del inmueble de Barbieri, al llegar al portal metió la mano en su bolsillo derecho y sacó la Gillette ensangrentada, cuidadosamente envuelta en un pañuelo y la depositó en un buzón. Arriba, en el cuarto derecha, yacía el cuerpo degollado de Risto, con el sexo mutilado, abrazado a la hierática cabeza de Delfín que con el culo en pompa dejo caer el pene de su amante sin saber en qué dirección huir.
Mary Campbell South sintió los celos, por fin como mujer, y a partir de entonces ya podría ser él.
Cuando Dorothy lo leyó en la prensa, volvió a sonreir.

viernes, 24 de octubre de 2014

LA TETA DERECHA

Mercedes era nueva en la oficina, tenía frío porque el aire estaba puesto demasiado fuerte; su camisa estaba abotonada hasta el primer botón, lo que le producía cierta presión sobre su cuello marcándole un rubor rojo fuerte. Entre el tercer y el cuarto botón había un hueco maravilloso -me cercioré que todos los botones estaban abrochados. La teta derecha, redonda, emergía sobre un sostén pequeño, blanco, fino. Mercedes dejaba ver una piel joven, más joven de lo que aparentaba. Mercedes era pequeña, redonda, con pelo castaño, rizado, largo; labios pintados de rojo, con gafas de pasta. Cuando se levantó de su mesa, no sé para qué, miré sus hombros, su forma de caminar no demasiado femenina, su culo estaba disimulado por el pantalón de la Corporación y no llevaba tacones altos; se dirigió a mí y me dijo:
-¿Sabes que me ha dicho el jefe cuando le he dicho que hacía mucho frío? Que era bueno para curar chorizos.

sábado, 11 de octubre de 2014

¡INSOMNIO!

¡INSOMNIO! (10 de octubre de 2014; 2:54)

Es tarde, y lo sabe; no puede dormir.
Le queda menos de tres para levantarse y no puede conciliar el sueño. Se ha levantado mil veces. Ha decidido tomarse un cafetito caliente y unas galletas. Y no se duerme.
Está inquieta, nerviosa, pensativa. Y no se duerme.
Mira por la ventana, y la Luna no brilla; la tapan las nubes. Piensa que está triste. Y no se duerme.
Lee y no se duerme.
Noche larga, demasiado larga. Y dentro de un rato tiene que ir a trabajar.
¿Qué le pasa que no puede dormir? ¿Conciliará el sueño en algún momento?
Ella lo sabrá.

Mathilda Killsher

viernes, 3 de octubre de 2014

DIARIO DE UNA MARUJA

Hoy es un día duro para mi. Si pudiera escribir en el agua del fregadero podría retener lo que siento y expresar exactamente cómo me siento después de considerarlo tanto y tanto tiempo. No sé que es lo que saldrá de esto, pero la traición ya está "hecha". No se ha materializado aún pero mi infidelidad ya ha sido perpetrada porque está pensada, no consumada, pero pensada que es lo peor; mi moral está por los suelos. El que ha sido fiel compañero de mis Martinis, mi vaso combinador, el mejor tarro de boca ancha para meter los hielos, va a ser sustituido por una hielera (también de cristal - menos mal) con asitas que cuando llegue ese día en que oiga el sonido crin - crin de la cucharilla removiendo los hielos enfriadores del mejor Martini del mundo. ¿Por qué? - Muy sencillo, ya no me quedan tarros para echar el caldo de las verduras. Voy a necesitar "ese tarro", todavía no lo he hecho, pero ya he lavado la hielera, que tenía más mierda que el sobaco de un grillo; y está lista para la ceremonia. Lo más duro de todo es que es posible que cuando llegue el momento no haya utilizado todavía mi Tarro Martinero y tenga que elegir; aunque bien pensado también podría utilizar la "hielera" como hielera.

viernes, 19 de septiembre de 2014

MI CORTÁZAR

Allá por los años setenta estaba preparando mi acceso a la Universidad en un Instituto en el que, por primera vez, iba a compartir aula, recreos, pellas y romances con chicas que también por primera vez se iban a encontrar con chicos en el aula. Ese Instituto tenía fama de recoger lo que no recogían otros Institutos de Madrid, ya fuera por el expediente académico de los estudiantes, por su mala conducta, por la falta de recursos económicos, o ¡vaya usted a saber por qué! Sobre nuestros profesores se decía de todo, que uno era del Grapo, que otro era sarasa, que otra era aficionada al champán y al cuero. Entre dimes y diretes sobresalía una mujer, nuestra profesora de literatura, chiquitita, gordita, siempre con la voz rota. Ya nos habían dado los libros de texto oficiales y ella nos dijo el primer día que los forráramos y hojeáramos, pero que nosotros leeríamos El Quijote. Todos los días de clase, leíamos, en voz alta, la lectura continuada del libro, esa era nuestra asignatura y nuestra “obligación”, si bien sabíamos que todos saldríamos con buena nota al final del curso pues las redacciones diarias que hacíamos eran de su agrado. A mitad de clase leíamos a Alberti, a Machado, a Vicente Aleixandre, cosa que no era engorrosa porque en aquella época, todo el panorama musical ofrecía canciones de poetas cantadas por Serrat y por otros (tal vez, el referente más claro fuera Víctor Jara) que siempre sonaban a independencia o a libertad. Un buen día, durante la lectura acostumbrada de nuestro querido Quijote, la profesora hizo una interrupción y nos presentó a tres autores que en cierta manera conocíamos: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. Márquez era best seller en las librerías con “Cien Años de Soledad”, Llosa campaba ya en círculos políticos y, el tercero, Cortázar, andaba por tierras de Nicaragua y Costa Rica comprometiéndose con la Revolución Sandinista. Lectura obligada de éste era Rayuela, un libro raro, un libro que se leía de una manera no “seria”, no se podía leer de una forma normal, o sí, pero que (y esto me lo colocaré de capirote en mi testa) quedaba perdido en las sombras del truque de mi infancia y “no me apetecía demasiado caer de bruces, en caída libre, desde el Cielo hasta la dura realidad de los adoquines de mi calle, con lo que le perdí la pista hasta que encontré mucho más tarde un libro: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, y escrito con letras más grandes que las del título decía: Traducción: Julio Cortázar; de nuevo leía a Cortázar. Y de nuevo, era Cortázar objeto de la crítica por la forma de esquilmar sus traducciones (ya lo hizo antes con su apuesta por la versión de la Cantata Santa María de Iquique a petición del grupo Quilapayúm). Mientras tanto el tiempo corría, Márquez se colocaba una chaquetilla blanca y recogía el Nobel de Literatura (dos años después moriría Julio) y ya recientemente recibiría también el Premio el Señor Vargas Llosa. La profesora de Literatura tenía buen ojo y nos enseñó cual era el camino a seguir en las letras hispanas. Así que aquellos galardonados tenían un compañero que no había llegado al Cielo de la Academia.

Fue en una exposición en el Museo Reina Sofía donde volví a encontrarme con él. En ella había un cartel de “La Vuelta al día en Ochenta Mundos”. La exposición versaba en torno a la figura de Raymond Roussel, uno de los autores y artistas que más han inspirado a aquellos que han sabido aprovechar el movimiento que inició André Breton e integrarse en el llamado “Grupo Surrealista”. Dalí, Picabía, Man Ray, Max Ernst, Chirico, y otros recientemente que, sobre todo inspirados en las obras “Impresiones de África” y “Locus Solus” como son Cristina Iglesias o Jacques Carelman, han aportado su visión particular a ese mundo que suscitó el establecimiento, ni más ni menos, del Método Paranóico Crítico de Dalí. En el mismo sentido que estos artistas aprovecharon la visión de Roussel, Cortázar rinde homenaje a las influencias que hicieron posible el abandono de las convenciones literarias, rebelándose así y burlándose del artista burgués.

Recientemente me volví a topar con él. Impreso en una acera de las siempre mojadas calles de Amsterdam, en la noche se dejaba ver una Rayuela casi fosforescentemente apagada. El Ayuntamiento de esa ciudad rendía tributo a esa forma de ganarse el Cielo.

Ahora, que tengo tiempo para saber quién soy, miro atrás y contemplo las veces que me he visto con Cortázar, las veces que he leído y releído obras suyas, las veces que me he visto protagonista de ellas, las veces que he sentido que esta vida tiene “un sentido”. Julio Cortázar me ha dado otra oportunidad. Él es una esperanza que aparece sin avisar. Sin bombo y platillo, sin premio. Te encuentras con él, lo aceptas, te aceptas, continúas y llegas a “convencerte” de que no estás solo. Todos los días miles de Microrrelatos se estampan en redes sociales, blogs, cartas, chats y hacen posible que la realidad oficial no acabe con nuestras vidas. El Surrealismo es la única vía que necesita la Humanidad para olvidar su condición y así poder seguir viviendo, soñando, respirando y hacer posible que todo ello junto nos enseñe a ser mejores. Siempre habrá alguien que saque partido de estas cosas, alguno hará negocio y otros hasta alcanzarán el Nobel, pero el Premio Julio Cortázar es el Premio que damos todos los que no pertenecemos a ningún esquema, todos los que sólo queremos vivir. Mientras haya una Maga y un Oliveira habrá esperanza.



Raimon Smith