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sábado, 28 de diciembre de 2013

LA COMUNICACIÓN DEL SILENCIO

   Mis gafas están heridas de ginebra, lloros, huidas y demasiadas leyes como para que me dejen salir a tomar el aire sin que ponga en peligro mi vida (eso espero, que sea la mía). Mi otro cuerpo, el de los sentimientos, está ahora pasando la resaca del temblor de estas noches pasadas. He comunicado con Orión y se me ha puesto de frente. He establecido el diálogo, curiosamente nada cifrado y se me ha invitado a desconectar. Sólo silencio.
   Desconectar no es fácil, hay que hacerlo despacio, bajando una palanca tras otra, dejando que el silencio hable por quien no puede hablar y cada palanca que bajo, me hace presentir el final. ¿Podré soñar? Pero no le doy contestación. Para mis adentros no hay lucha, sólo una intención, que sea libre.
   El año nuevo que entra, traerá un nuevo uno de enero y con éste una nueva oportunidad; es posible que aprovecharla traiga algún lloro, si acaso el sabor de mocos salados por lágrimas risueñas, y el grandioso poder del perdón acabe con las dudas, esas dudas que siempre nos obstinamos en crear.
   Desconecto y hasta siempre.
   Siempre es siempre.

viernes, 27 de diciembre de 2013

VIENTO DEL SUR

VIENTO DEL SUR
La urbe tiene los días contados,
el viento del sur sahariano, empieza a velarla;
esfinges gizehianas a medio luto.
Pirámides insolentes
que hablan de crisis y de negocio,
se limpian el culo con papel enarenado.
Una urraca hizo el amor apasionadamente con un cuervo negro, hace un año;
hoy su hijo se caga en el coche de mi padre
por no haberse cobrado su presa,
y que yo, torpe, espanté sin quererlo.
Ni siquiera su sombra.
Todo tapado con el aire del sur sahariano.
No se oye el mar

pero se oye y se huele el desierto.

viernes, 20 de diciembre de 2013

RELAPSO (V)

V
Otra vez estoy asustado, de nuevo el terror a lo que ya me sé. He entrado en una dinámica soez y pobre, soy ruin, mediocre, un poeta que no puede hacer versos porque el estallido es necesario, posiblemente no lo sea, pero necesito maldecir mi existencia. Miles de veces he sido condenado, miles de veces he faltado a la Reconciliación, he ofendido a Dios, mi creador, le he buscado eternamente; no he conseguido encontrar mi salvación, no he podido retornar a mi inicio y sé que jamás lo conseguiré aún teniendo la opción. Sólo soy mortal en el cuerpo de hoy. Estoy condenado a ser juzgado por Relapso, una vez más y tendré que cumplir la pena, otra vez, una vida entera y de nuevo lo mismo. Avanzan los años, miro atrás, imágenes, no entiendo nada. He conseguido ¿tres, cuatro, a lo sumo cinco enlaces técnicos? Todos cuentan una historia, que yo relato, todos han vivido otra realidad y creen que soy uno como ellos, aunque es posible que no lo sepan. Es posible que esté solo. ¡No puede ser! Soy más mortal que los que se pudren definitivamente, sé lo que es la muerte y esta espera, después de tanto fracaso es un “Purgatorio” inútil porque no hay nada que purgar, todo está decidido, todo está marcado, el destino siempre es el mismo. La vida no tiene sentido, sólo sensaciones que quedan, intento descartar las dolorosas, aunque es posible que no se descarten sino que simplemente ya no duelen. Reunir esa conexión perdida con ella, ese ser ella para entenderla, ese hacer el amor como ella, con ella y para ella, ese don, ese tránsito.
- ¿Estás?
- Sí te oigo, dime.
- La última vez que Karen me hizo el amor, como ella sabe hacerlo cuando sabe que algo va mal, fue sublime, se entregó de nuevo (ya se me había olvidado la de veces que se había entregado, aparecía otra vez la que tantas veces desprecié y me dio todo). Esa tarde no se me olvida.
- ¿Todo?
- Todo lo que hizo lo hizo bien. Recuerdo hace treinta años, cuando estábamos empezando; no menos, unos veinte, ahora lo veo de otra manera, ella se dejaba hacer. La última vez, fue ella la que hizo, yo no lo esperaba, algo se estaba jugando, los días anteriores estaba celosa, me regañaba, yo reía pero sentía el tono de advertencia en sus palabras y luego esa forma de hacerme el amor.
- Tú ¿te has enterado del libro?
- Tengo una idea sobre lo que realmente quiere decir, a veces pienso que se lo quitaron de encima, que lo del accidente de coche fue un truco para quitárselo de encima, escribe como Márquez pero con cosas de aquí, llega más, era bueno y sobre todo tenía carrera, ¿era médico, no?
- Siquiatra.
- Los siquiatras me caen bien porque han estudiado Medicina, tienen que conocer el cuerpo, no son apuntadores que han leído a Freud.
- La señora de la libreta la tienes de jurado.
- Puede que sea la única que me declare inocente.
- ¿Estás listo?
- ¡Adiós Papi!
Un grupo de soldados se instala en la Sala. ¡Culpable! Una mujer, redonda, con un cuchillo pelando patatas. ¡Culpable! El Gato, culpable, un perro amarillo que huye (no quiere saber nada), una leona herida, culpable, un… ¿Adiós Papi? Una joven, en bragas, con el aifon en la oreja deja la Sala, otra la llama con una maleta rumbo a Ámerica. ¡Espera hermana! ¡Adios Papi! ¡¡Muuaaac!, Karen también se va con ellas ¡Adiós Moncho! Roussell espera congelado con el papel en la mano, parece que pone inocente, pero el bloque de hielo no lo permite ver con claridad, no vale el voto. Burroughs ha perdido su voto. Un negro de Harlem lee a Lorca mientras su mujer espanta a una cucaracha gigante con la papeleta mojada en las manos. Un ciego de Buenos Aires quema las claves del desencripte y se abrasa con ellos. Un Capitán hace versos a su amada mientras lucha por lo que ama, su guerra, su amor, su mujer. Una… (Cide no ha traído todos los papeles de ella. La Corporación no me deja trabajar, estoy obligado a acabar lo que nunca he empezado, pero el tiempo apremia) La Bestia se acerca me sonríe, me abraza y me enseña el papelito, culpable. Unos… ¡Culpable!, un… ¡culpable! Son las 20:00 tengo que hacer la cena, mientras echo la sal en mi sartén de hierro, Karen llena todo, la siento, ella no sabe quien me enseñó lo de la sal pero es igual, se reparte bien, el fuego la calienta y aparece corpórea, sonríe, le gusta verme con mis manías y mi forma de organizarme, cree que es mejor cocinera que yo. El espejo negro apaga el silencio, el gas empuja y vuelo por los aires.

viernes, 13 de diciembre de 2013

MINUÉ

MINUÉ
He bailado un minué acompañado de folletos de comida, niños que alientan con silbidos el sexo, he vuelto a sentir lo que siento cuando la beso y he querido escapar. Hemos confundido, de nuevo, las palabras y el coño de Karen ha abarcado todo. De nuevo el coño ha sido capaz de ser el auténtico protagonista, el que ha creado lo que creíamos que habíamos creado y ha sido ahí, en la ciudad del primer beso, el que recordaré toda mi vida. Los baños estaban muy limpios y no había otra salida que retornar por el mismo camino, o sí, el río siempre tiene un puente pero no lo veíamos y optamos por retornar. Nos estamos acostumbrando a reír y a llorar, mientras tanto hago lo que puedo para arroparla. Pasear abrazados de la forma más inverosímil, de la forma más complicada para que todo gire en torno a nosotros juntos como si de un agujero negro o de un gran torbellino acuático se tratara y no pudiera deshacer nuestra unión porque está fuertemente atada y no nos podemos hacer daño. Quiero seguir siempre contigo. Ayer te pregunté si te imaginabas alguna vez "lo nuestro" sin amor; no sé qué contestaste, creo que si, pero no quiero saberlo. Yo no puedo vivir sin tu amor. No quiero vivir sin tu amor. No quiero hacer posible que nuestro amor pueda desaparecer. Sin embargo necesito arroparte cada vez más. Mi niña pone la cara de Karen cuando no entiende a su Ramón, mi niña no sabe lo que es vivir enamorado y haber probado su droga y confunde la droga con el amor. Mi niña no quiere escribir, dice que tiene que aprender más, no quiere poner faltas y sin embargo es una gran chef. Tendré que escribir por ella porque yo no quiero nada más que quererla aunque haya probado su droga. Sólo quiero quererla aunque me torpedee con que ahora podrás follarme cuando quieras. Mi niña no sabe lo que es aunque use la pimienta antes que yo. En cambio no tarda mucho en darse cuenta de que no hablaba en serio porque esa camisa sólo me la he puesto para ti.
Te quiero, te quiero, te quiero. Cada vez me miras más de esa forma que ahora tanto necesito pero que tanto de desconocido y de realidad ajena me deja. Es posible que tú lo hayas solucionado cambiando del sillón grande al pequeño, es posible que el pequeño se ajuste mejor, es posible que por eso necesite estrecharte tanto. Si sólo fueras una droga podría desengancharme, afortunadamente tú eres Karen, mucho más que una droga.

TE AMO.

jueves, 5 de diciembre de 2013

RELAPSO (IV)

IV
Desde América dicen que siga. No sé cómo lo voy a hacer, la visión de Oporto desde el aire es la de retorno al tedio y a la crispación, un amanecer clarividente; sé que hay un profundo océano durante la noche que hace incómodo el descanso necesario y tengo una cita con el Juez. Ahora que no quiero revisar el orden ni la estrategia para mi defensa me preocupa el poder que estoy tomando sobre estas cosas pero El Amduat tiene su precio.
- ¿Has elegido ya defensa?
- Creo que voy a utilizar a un mudo, realmente no es mudo pero no conoce nuestra lengua.
- ¿Estás loco?
- Desesperado más bien. La persona que he elegido es vulnerable a las leyes de la Física.
- Todos lo somos.
- Me refiero a la Física del orden, de la electricidad no conducida, a la que se plasma en los presentimientos y no estoy muy seguro de que al final sea él mismo quien me condene pero, si acaso tengo alguna posibilidad de salir de ésta, él convencerá con su gesto o tal vez sólo con una sonrisa de aprobación.
- ¿Y con eso crees que convencerá al Tribunal?
- Ahora mismo estoy suplicando al Tribunal con esta decisión de que tome en cuenta su inexplicable atención y que en el último momento vean por el sufrimiento o por la aprobación del que lleva años teniendo la misma pesadilla.
- ¿Crees que abandonó a su compañero?
- Dios no lo quiera.
- Se me pasan imágenes diabólicas si eso es cierto y lo tienes de aliado.
- Lo único que sé es que sufre y que es bueno conmigo.
- ¿Llevarías al Duque contigo?
- Ahora mismo le llevo conmigo.
- Te tengo que dejar; este camino lo tienes que hacer ahora solo. Por cierto...
El camino se ha abierto, verdes y amarillos culebrean delimitados por la línea de lápiz fino y donde se junten en una sola aparecerá el pozo o el Cruce de Caminos, no habrá viejo ni automóvil y espero recoger la papeleta de la Acusación en el momento que se me indique, burocracia judicial. Sé sobradamente su nombre...Relapso.
- Este Tribunal tiene el deber de informarle de que conocemos la explicación que tiene en mente para su defensa. Queremos hacerle saber que, como ya sabe, ya se condenó desde el principio y que los valores que juzgamos son los que, con su propia conciencia, intentaremos  medir y que justamente concluyamos. Tiene la palabra y acuérdese del orden en que planteará su Descargo. ¿Tiene un guión?
- Sí, ¿de cuánto tiempo dispongo?
- No de mucho. ¿Trae la defensa?
- Sí, quiero reseñar que mi defensa es...
- Lo sabemos. Puede comenzar.
Un instante, sólo un instante, antes de la herrumbre caliente del orín, antes del sofocante dolor de axilas rebozadas de lana embutidas hasta tirar de los hombros. Un olor morado que se impregnaba en el pelo, graso; un instante duró, tal vez de algodones azules, rosas y blancos, de algodones de feria y de cariño, un instante duró el caballito de cartón más bonito que nunca se hizo y era mío y a partir de ahí, hundido abierto en canal, el sollozo de su cruel muerte sirvió para comenzar el rosario de palizas inexplicables, no por conciencia sino por no saber controlar la que luego se repetiría. El miedo, el miedo lo puede todo, hasta el ir hacia adelante, el miedo moja las sábanas y los babys de rayas y las monjas te mandan a casa calado hasta los huesos y el caballito de cartón en el recuerdo, o no. Calado hasta los huesos y en las noches frías donde tu amante entona el "Ámame mucho", tiritas, meado hasta los huesos; y ese recuerdo ya solo es un pobre vestigio que uso sólo para recordármelo y creer que todo tuvo un inicio. ¿Es posible que Beethoven fuera sordo por una paliza? Beethoven se impuso por encima de su sordera e hizo la música más sublime que jamás se ha podido componer.
Miedo a dejar embarazada a tu propia hermana y que saliera un niño tonto. Bueno hay casos en que se puede lograr la dispensa del Papa. ¿Y seríamos felices? ¿Con un niño tonto? Yo la amaría como la ratita presumida, coser y cantar, pero se quedaría embarazada. Eso fue cuando no sé quien se le ocurrió decir que los niños venían por el culo. Ya desde ahí todo fue miedo, embarazo y polla en ristre. Miles y miles de pajas, folladas en la arena, tirar del máximo, follarte a tu madre, a la señora de los váteres de mujeres, una y otra vez y el multimáximo follarte a un elefante. Pero antes, en la imprenta alguien decidió violar a un niño travieso, no solo sino en compañía con el telón abajo, sólo carcajadas y sollozos y nadie a quien acudir y al día siguiente ver la cara de esa persona que antes habías confiado como venerable y sólo encontrar la perfecta dentadura de una sonrisa diabólica con la certeza segura de que nunca los delatarías porque nadie te iba, no sólo a creer sino a defender. Siguieron nuevas palizas, una tan despiadada que estuve varios días sin poder enderezarme; parece ser que había puesto en evidencia a mi padre. Mala cosa, empezaba a tener opinión. Dicen que cuando nací rehusaba la leche de mi madre, recuerdo esa leche de buena teta saliendo disparada, después lactantes mis hermanos y yo la retenía en la boca a distancia, a un metro de distancia, cerca del fogón y me sabía agria, no sabía a leche condensada. No veía el mecanismo para que metiera esa leche en su teta porque mi madre no podía tener una leche tan agria. Mala leche, has bebido mala leche. Y el miedo, el miedo siempre.
- Pues si echas una gota de lefa en la piscina, se puede quedar embarazada.
- Una gota dices, pero si esto es una mascá.
Mientras me rebozaba con mi hermana jugando con las olas, con la polla enhiesta y aguantando a mi padre: "Deja a tu hermana" Estoy convencido que las olas, la espuma y la arena que se revuelve tienen que hacer imposible que se quede embarazada.
- ¿Cree que esto es realmente un alegato para su defensa?
- No creo que me valga para mucho.
- Puede hacer uso de su defensa.
Mi defensa estaba inmóvil, no podía entender qué hacía ahí. Un Tribunal que sabía con anterioridad todo lo que yo les estaba contando y sin saber cual debía ser su papel en este Juicio. Yo le miraba y él no sabía si sonreír o colocar mejor los pies en el estrado, tal vez atarse mejor los zapatos. Me estaba condenando. Mi culpa estaba sumergida en un barreño de zinc. Es un producto contaminante y lo llevo en la sangre.
- Quisiera mirarle a los ojos.
Miré a los ojos de mi defensa, él sabía que no era un juego y que esta vez pudiera ver algo de claridad en esa selva rociada de napalm, ese decapante de vida ajena y propia y con ello vaciar una salida aunque fuera cargada de orín. Le quise mirar más profundamente pero no me creí con derecho a ello porque a quien estaban juzgando era a mí, no a él. Él no estaba preparado todavía, no se sabía las oraciones (no lo tengo tan claro ahora, tal vez si) para salir del Amduat, pero también es posible que quisiera una condena sin tener que pasar por ello. Le pedía clemencia ante los cargos y los descargos, pero se mantenía mudo. El Tribunal tenía su veredicto y no se pronunciaba.
- ¿Estás?
Estoy totalmente perdido, llamo “mi moto” a la que he llamado Luci, me pesa estar sentado y también levantarla; espero una llamada y no consigo llamar, la música está siempre alta, es repetitiva; necesito algo como el mar pero ahora tampoco resultaría. Me he metido en una etiqueta que me he puesto a mí mismo, busco documentación y no lo encuentro. Choque de llamadas no efectuadas.
Sé que estoy en el camino pero me cuesta dar un paso. Tal vez sea el sol que no calienta mi cuerpo o las banderas que contradicen la dirección del viento. Y de nuevo la pausa.
Ahora pienso en ella y en esas cosas que me envía. Abro una poza de los días que he podido verla y junto a ella, una piedrita de pedernal blanco tumbada sobre mi barro me dice "otro día sin ti". ¡Cuánta confusión! y desajustes. ¡Cómo podría tenerla!
- Me falta mi amiga.
- La has llamado amiga, ¿ya no es tu novia?
- Es mi novia y mi cielo pero ahora me falta mi amiga. Entiendo cuando me dice que sólo quiere que la mime y que la quiera y que la de besos tiernos y cariñosos. Necesito estar con ella y necesito que me quiera y me abrace y me lleve con ella.
- Estás hecho polvo, ¿no?
- Sólo vengo cuando "siento que me falta". No es el no tenerla.
- No te engañes. Sí lo es.
- Es más la necesidad que el deseo.
- ¿A qué necesidad te refieres?
- No es lo que te imaginas, aunque con ella todo es como un milagro. Pero lo que me falta es esa sensación y me produce tristeza.
- También los acontecimientos se están cebando contigo.
- Esa es la diferencia, los acontecimientos me producen cabreo. La ausencia de Karen me deja solo. Ella es mi ilusión y si me falta, se nota. No veo el día de poder estar totalmente con ella.
- Pronto os veréis, ¿no?
- Eso espero.


No era el momento más oportuno pero se presentía que iba a ocurrir. La chaqueta, mojada por la lluvia de una nube solitaria, compañera siempre de viaje, tenía restos de cal adherida de presagio revolcón donde la sangre no brotaba pero sí dejaba paso al sudor caliente de la ascensión a ese muro que le separaba de ella; el nudo apretaba pero él era diestro en separarlo. La luz era la de una condensada humedad que no borraba la brisa y el interminable descenso hizo que brotaran miembros de la familia a la que se le hicieron las presentaciones. Le esperaban, pero no así.
- This is Ramón.
- How do you do?
- How do you do?
Se estrecharon las manos, siguieron con la faena (¿mondaban patatas? llevaban un cuchillo) y él besó a su amada con un beso incontaminado; la más joven agradeció con una sonrisa fresca, como la mañana, y siguió a su madre. Estaban solos, no había palabras. Eran observados y aprovecharon para abrazarse. Ella se dejaba abrazar así, sólo ser abrazada la dejaba ser la mujer que era y la eternidad se congelaba con el rocío de la mañana.
- How are you, my Princess?
- Fine. I love you.
- He recibido tres avisos de lágrimas y necesito que sepas que he tocado el Cielo contigo. El Cielo, mi Amor, el Cielo.
- ¿Y...?
Todo estaba contestado, pero aún así le dijo:
- No hay nada que supere al Cielo. Heaven, Heaven.
Y para asegurarse de que le había entendido la miró a los ojos, le besó las sienes ý la frente y luego se besaron como en el Cielo. El rocío de la mañana empañó los cristales de la casa, detrás un hogar la esperaba y la más joven sonreía. El se volvió hacia la tapia de la casa para volver, saltó y quedó colgado dejando la pared limpia y salieron las letras contenidas que ese muro había aguantado durante tanto tiempo.



No sé si podré quererte después de la muerte.
No sé si podré quererte después de la separación.
No sé si podré quererte en esta vida.
¿Podrás ser mi amiga?

Cide Hamete desplegó, de nuevo, sus pañuelos. Una sonrisa zorruna, sabedor de tener ojos de mujer, se dirigió hacia Milton que anotaba los personajes que posiblemente aparecerían y que darían o no un veredicto favorable. Dejó un hueco en sus notas para escribir “Ni un solo gusto, ni una sola afición, ni una sola forma de entender la vida. Desde que dejé de ser Dios, no he tenido una compañera que haya comprendido mi forma de entender, de saborear la vida y, sin embargo, sé que siempre me han amado. Me asaltan ahora las dudas. He tratado de comprenderlas, he tratado de sentir como ellas, he llorado como ellas, sintiendo lo mismo que ellas; he conseguido el tránsito a ellas por el amor. Sé que la Redención sólo viene por el amor y he fallado en millones de momentos. El Relapso es sobre una historia ya pasada, esa Redención ha sido traicionada aunque persistan los valores humanos de fidelidad y promesa. He intentado comprender por qué y cómo piensan las mujeres. Sólo lo saben ellas.” Miró a su mujer, presente en el Gran Tribunal, sabedora con gran certeza de que era la mujer verdadera (si alguna vez tuvo alguna duda) y recibió de ella, mandada por un ujier, una nota en la que decía:
“Si sales de ésta y si te acuerdas de quién soy, echamos un polvo con pajarita.”
“Fdo.: Karen”
Milton recordó el polvo que echó a su mujer, la Nochevieja pasada, en pelota picada, vestido sólo con una pajarita y en el que no dejaron de reír y reír. Cide se volvió hacia el Gran Tribunal y dejó unas cartas cuidadosamente atadas con una cinta roja; el ujier se preparó para abrir las cartas.
- Proceda –Inquirió el Juez Principal.
Lectura de las cartas encontradas en el saco de ella
AL BORRADOR NO ENTREGADO
"Te doy las GRACIAS por lo que me has ayudado esta mañana, `por escucharme, todas las veces del dia que te he llamado GRACIAS MIL VECES GRACIAS, el apoy q"
BORRADOR DE KAREN 12 DE JULIO A LAS 23:00
Cuentan que hace miles y miles de años, cuando el amor no era imaginable, cuando la especie humana abría espacios en la roca para cobijarse de la noche y guarecerse de sus miedos, una mujer se apartaba cada noche para rasgar la dura pared y, en una sociedad donde todavía no existía la expresión escrita, ella con sus lágrimas humedecía rasgos que a base de lágrima y lágrima empezaron a hacer ceder esa pared y pudo de esa manera "escribir" marcas que eran evidentes para el resto de su especie; ellos no sabían qué era aquello impreso en la pared, pero al aparecer de una forma "diferente" empezaron unos a tener miedo, otros a adorarlo y otros a imitarlo. Dicen que de esta manera empezó la escritura, imitando unos rasgos humedecidos con lágrimas de mujer. Pasado el tiempo, la especie encontró el camino para poder transcribirlos. Como si de una runa se tratara reprodujeron unos rasgos incompletos. Esa reproducción daba las gracias a una roca que cedía con la humedad producida por lágrimas, pero sobre todo cedía por el tesón que aquella mujer ponía todas las noches, a pesar de su condición de mujer, a pesar de sus cadenas rasgo a rasgo, lágrima a lágrima, pudo ir más allá de donde estaba su especie, pudo ir al encuentro de la libertad.

Esa transcripción la uso como si yo fuera el autor de esos rasgos, de esa desesperada grieta que noche a noche necesito grabar en la roca de mis sueños. Gracias a ti, Karen, siempre gracias a ti.

viernes, 29 de noviembre de 2013

RELAPSO (III)

III
La niebla lo invadía todo, niebla alta, en cola, esperando su turno para bajar y ocupar todo. Demasiadas drogas, Dartane hizo lo suyo en las neuronas de Milton pero “sabía” que la niebla era la entrada, un aviso de entrada, todo se volvía de la parte lodosa del canto, por más que quisieras no manchar los guantes, la parte lodosa dejaba su marca y sólo tenías que limpiarla para que todo se volviera barro. Un dolor horrible en la herida que le hicieron en el hospital, humedad hasta que todo se volvía azul y luego blanco. Un chambelán pedía el óbolo de San Pedro y la piedra, limpia, ahora era moneda de cambio.
- Te están esperando.
La Sala del Gran Tribunal giraba en ascendente para que ocupara el sitio indicado. Silencio, humedad, olor a madera roída y a vidrios rotos. No había eco, silencio. Una gran cortina se abría dejando ver las torres de La Gran Ciudad por encima de las nubes, el suelo en obras de Berlín y la zona por donde se paseaba en busca de Jack el Destripador (al menos no había niebla); alguien apretó un botón y las imágenes desaparecieron, fondo blanco, pantalla blanca, sonido Toddao, olor a garrafas de anís Ticotico. Milton se olía lo peor. Alguien apretó, de nuevo el botón, pantalla blanca, dos cucarachas rubias, tres, seis; el chambelán cogió un paño de cocina de los blancos con borde de colores, lo estiró con los dedos pulgar e índice de la mano derecha y pulgar e índice de la mano izquierda, en sentido perpendicular, estiró un poco más, mojó la punta del paño que sostenía la mano izquierda, volvió a estirar; la mirada la tenía totalmente dirigida a las seis cucas que alguien había agrupado con un vaso boca abajo en una barra de mármol blanco. Se levantó el vaso, sólo dio tiempo a ver el intento de escape de su caja de cristal, el látigo blanco saltó de la mano izquierda del chambelán y aplastó dos de un golpe, recuperó el látigo y una a una fue sentando a las cucas en la barra, moviendo las antenas  a la espera de lo que ya sabían que iba a ocurrir, su cuerpo quebrado en dos, pero sin separarse, hacía que miraran hacia el Gran Tribunal esperando el sorteo.
- ¡El dos! alguien abrió el grifo del lebrillo de zinc.
La cuca número tres movía las antenas e intentaba arrastrar el culo pero la parálisis era casi total aunque no dolorosa; el chambelán dio la vuelta a su paño y lo descolgó por la parte húmeda hacia la cuca número tres, ésta se agarró y el chambelán dando un pequeño tirón la izó conduciéndola hacia el lebrillo de zinc, el remolino ya estaba formado y la depositó, con suavidad. El remolino tomó la forma de un corazón desconcertando la influencia gravitacional del hemisferio.
10:40; Juzgados de Plaza de Castilla, arco detector, prisas, máquina de café, ascensor que no funciona (si funciona). Milton se está meando, el W.C. vacío, mea en la pared, se mira en el espejo; - ¿Habrá llegado el abogado? Sale al exterior, no hay nadie, pasillo de la derecha, largo, más largo, - ¡no es tan largo! No hay nadie, madera amarilla barnizada por culos inquietos, sólo sus pasos; hacia el ventanal; abajo Berlín en obras y el cielo cubierto por las torres de no sé qué ciudad, no es Nueva York, tal vez…
- ¡Milton! Por este ascensor, por favor.
Última planta, Gran Corredor, ascensión, Galería del Louvre.
Cuando Milton se encontró con Él, se arrodilló, su cuerpo se estremeció, lloró amargamente porque empezaba a comprender, a restablecer su memoria; se encontraba ante él mismo, su busto partido lo miraba con piedad, como esperando una caricia, alguien visitaba en ese momento la Sala, una mujer y sus dos hijas; su mujer y sus dos hijas. Milton lloraba, su mujer le apretó la mano, con dulzura, sus hijas jugaban con el aifon. Se despidió.
Gaby echó las cortinas, parte del Jurado había llegado, unos en blanco y negro, otros ocupando sus escaños de señoría jugaban como en un Pleno, le miraban de vez en cuando, entre el despiste del ¿de qué va esto? al ¡ya está condenado! Milton empezaba a recuperar su memoria, las lágrimas brotaban, densas, sin que cayeran; alguien, apiadado, le llevó un Martini en un vaso cuadrado, sin aceituna, sin angostura; pero estaba frío. Milton lo cogió escéptico pues el Martini siempre le hacía reír y no era momento como para mostrarse ante el Gran Tribunal con todos los boletos para repetir, ¿o sí? Ahora sólo pensaba en que no se había podido despedir de su mujer como él hubiera querido, diciéndola te quiero, como si fuera la primera noche de las que le juró que le diría te quiero todas las noches que estuvieran juntos y que olvidó de decir, o no. Al tercer sorbo ya estaba entonado, le daba igual lo que ocurriera, pero tenía más miedo que nunca porque había cometido el crimen más castigado, el que no admitía dudas, el que se anunciaba en los Edictos porque nadie era tan torpe de comparecer ante un Tribunal al que habías escupido y humillado. Siempre creyó en la redención pero la acusación era de Relapso. Él era su propio Juez, él era casi la mayoría del Jurado, él era el que debía, de nuevo, pagar otra vida de pena sabiendo que podía haberlo evitado. El cuarto sorbo, por primera vez, ya no le hizo reír, comprendió por qué y cómo pudo caer en semejante crimen y el poder que se le otorgaba era inmediato y soberano. Intentó poner en orden las ventajas de “repetir” y no encontraba nunca algo satisfactorio.
- ¿Estás?
- ¿Cómo te sientes?
La libreta está ahora llena de anotaciones. Es posible que, como de costumbre, haya dejado pasar algo por alto. Ella sigue siendo bella, es la misma, le sientan bien esas gafas, le hacen ser interesante o ¿será el tono de su voz? Sus tetas, su culo y su manera de caminar pidiendo una autorización a no sé quién. Me gusta y yo le caigo bien. Me conoce de algo pero no sé de qué.
- Empiezo a creer en la “realidad”
- ¿Cuándo te diste cuenta de lo que estaba sucediendo?
- Al principio parecía como un juego de niños (o de adultos); ella coqueteaba, se dejaba enamorar. Nada más lejos de la imagen de mi mujer, ¿un flirt? puede ser.
- ¿Estás siendo sincero?
- Trataré de poner orden. ¿Me servirá de algo?
- No creo.
- ¿Entonces?
- Es posible que a ti si te sirva si eres capaz de trasladar tu interior, expresarlo, y encontrar el nudo que dé partida a tu vida.
- Te contaré algo. Hace 3366 años Dios se hizo hombre, y encontró la Felicidad humana en compañía de su mujer, de sus hijas y de la naturaleza que Él había creado. Dios amaba tanto a su mujer que quiso “sentir” el amor perdiendo su divinidad, para ello tomó “precauciones”; la condición de ser “hombre” llevaba a la muerte, así que memorizó el AmDuat, es decir, memorizó todos los pasos, oraciones, visiones, pasadas y futuras, en la vida y en la muerte, que le conducirían a su condición de Dios. Técnicamente era posible para cualquier hombre que supiera todo el procedimiento del AmDuat, pero una sola equivocación, sólo un error en el “camino” le haría “repetir” una vida inferior y poco a poco perdería esas pistas necesarias para no errar hasta que la muerte definitiva acabara con Él. El Gran Tribunal era el final del camino, posiblemente un atisbo de luz de la memoria perdida, tal vez la imagen que en sueños daba cuerpo al verdadero amor que Dios sintió por su mujer. Si lo conseguía, su crimen sería perdonado.
Con el transcurrir de los años Dios, ya hombre, fue cambiando de nombre y de condición social, pero su mujer seguía siendo la misma aunque cambiara de cuerpo y la amara igual que siempre.
- ¿Cuándo supiste que conocías el AmDuat?
- Realmente nunca se sabe a ciencia cierta de que lo conoces. Es demasiada la presión. Un solo error y se acabó, vuelta atrás y a peor. Por eso hay técnicas para memorizar de corrillo, no parar, seguir, no dudar y si dudas hacerlo sea lo que sea. Es duro y desgasta y sobre todo el cerebro cada vez necesita menos imágenes reales que ocultan la verdad, con lo que la vida real se vuelve un poco incómoda.
- ¿Te acuerdas del cuerpo anterior de tu mujer?
- Del primero sí. Del resto son los detalles que me llevan a ella, sus pómulos, sus ojos, su pelo, su olor, su chichi, su forma de besar.
- Háblame de ella.
- ¿Qué quieres saber?
- Yo no quiero saber, eres tú quien quiere saber. Todavía no tienes claro si quieres hacer ese camino.
- Ese camino no lo marco yo; hay una puerta que se abre y ahí está todo, se abre y hay que entrar; con miedo como siempre, perdí la valentía hace ya muchos años y el ser “hombre” sirve para ser cauto sobre todo cuando hace tiempo que has superado los cincuenta. Cauto no quiere decir que no des el paso, el paso lo das pero siempre se mira atrás, aunque en mi caso sigo dando una voltereta antes que me haga ser irreflexivo y así tener la coartada suficiente para que cuando llegue el momento oportuno sea mi “forma de ser” la que ha tomado esa decisión.


El Juez Principal se sentó, acomodó los papeles rescatados y dirigiendo una mirada a Cide le preguntó:
- ¿Hay más?
- Oui, Monsieur. Los papeles de ella, puede que haya alguno más entre ellos.
- ¿Debería este Tribunal considerar que se aporten esos papeles?
El Gran Tribunal estaba incompleto, faltaban miembros del Jurado pero el resto tenía poder de decisión. No hubo respuesta pero cada miembro repasaba sus apuntes para cuando fuera necesario dar una valoración. ¿Los papeles de ella? No se habían considerado, nunca se habían aportado como una prueba. Un representante de la editora pidió una moratoria que fue denegada.
- Puedo mirar mi saco de papeles –sugirió Cide mientras daba un paso atrás soltando sus pañuelos al “aire”-.
- Se inicia la Vista –anunció el chambelán- El Juez Principal tomó la palabra.
- Este Juicio se ha desencriptado para que todos aquellos que tengan acceso a él y que perdieron poco a poco la “Comprensión Lectora” puedan “visionar” una pista, un escape o una solución. Son llamados todos aquellos que han ido perdiendo la memoria, su memoria o su Memoria (no desencriptada). Son llamados todos los que hicieron de su vida un mundo pasado y “olvidado” que perdura por el alcohol y las drogas; son llamados aquellos que sólo tienen imágenes y no tienen porqués. Son llamados los que fueron niños y sufrieron toda su vida por no poder ser niños. Son llamados los que crearon a Dios y le permitieron que dejara que ello ocurriera. Son llamados los que le van a juzgar como hombre. Son llamados todos los que recibieron golpes cada vez que no pensaban como los otros. Son llamados los padres y los hijos que nunca consiguieron serlo. Son llamados los que tuvieron que escapar sin encontrar el amor. Son llamados los que hicieron promesa, los que fueron siempre fieles, los que nunca delataron, los que se llevaron la culpa siendo inocentes, los que han llorado no por ellos sino por él. Son llamados los que encontraron el amor sin saberlo y cuando lo supieron se aprovecharon de él. Son llamados todos a los que se les dio otra oportunidad y su desmemoria les hizo seguir, fueron juzgados por el Crimen de Relapso y volvieron a recaer en él. Son llamados todos los que no fueron perdonados.
Son llamados los condenados a que nadie les entienda. Son llamados los que cuando quieren decir “algo importante o definitivo” son ninguneados, no se les oye o no se les quiere oír. Son llamados los que no pueden expresar ese sueño maravilloso que ocurrió esa misma noche y que necesitan contar. Son llamados los que creen en el amor sin papeles. Los que sabían cómo contarlo y se les olvidó. Los que siempre estaban en ella y perdieron su divinidad. Los que vivieron. Son llamados los raros, los locos, los que vieron la luz en algún momento, los que eligieron el camino bueno. Los que no saben de colores sino de color. Los… (Desencriptar).
Son llamados los que compartieron una vida sin conocerse, sabiéndolo; los que compartieron una vida con gustos distintos, ideas distintas, saberes diferentes; los que amaban de forma diferente; los que permitían vivir aunque no se lo creyeran del todo.
No son llamados los que humillan el amor, los acusicas, los que tiran libros por las ventanas, los que encarcelan a Princesas enamoradas, los que ponen detectives, los que amenazan y amenazan, los chantajistas. No son llamados los que duermen plácidamente mientras bajo su techo alguien sufre. No son llamados los que lo hicieron mal y no pidieron perdón. No son llamados los que no miran a la cara. No son llamados los que imitan llorar. No son llamados los que atesoran una vida que no tienen.
Delante del Gran Tribunal Milton intentaba poner en orden todo lo que le estaba sucediendo desde que consiguió comprender que su mujer, presa de su marido, era la mujer de siempre. Se enfrentaba a una no continuidad. Era, posiblemente, la última vez que pudiera tener un acercamiento a la redención y notaba que nunca conseguiría tener a la mujer de su vida porque había perdido la parte de amor que le correspondía. Ahora se enfrentaba a la muerte, seguramente por homicidio, y al no perdón; buscaba en la memoria la pista necesaria, la parte que le podría salvar, que existía, pero que siempre estaba oculta o se disipaba; era como aquellas lecturas en las que se leía y leía, se pasaban páginas y páginas y sólo, entre párrafo y párrafo, aparecía la causa, el momento, el cuerpo de Karen, la muerte, la cita obligada, el hacer maletas sabiendo que ese viaje era siempre de vuelta. Ahora estaba siendo condenado, o al menos debían estar condenándolo; pero su única preocupación, lo único que le perturbaba, era Kinaski. No podía comprender por qué lo que para él era el Summum del placer, el disfrute hasta el hundimiento, el encharque, o la marea que podía provocar el coño de Karen, suponía para él, el Gran Follador, “el gran pecado en las mujeres” (la vagina grande). El encuentro con la Gran Catedral, la Galaxia devoradora, la Mujer absorbiendo todo el poder del Universo, ser absorbido y atrapado, totalmente entregado a la destrucción física por el poder que me daba si aceptaba el amor que me entregaba y se lo devolvía de la misma manera, sólo con amor. Amor por amor, placer extremo. Un amor tan grande como el Coño de Courbet (pero afeitado). Kinaski no amaba a las mujeres, sólo las follaba, esa era la diferencia.
Alguien conocido recientemente tenía la palabra en ese momento, las meditaciones de Milton se apagaron aunque seguía teniendo en el recuerdo a Kinaski del que tanto había aprendido. La gata amarilla tenía la palabra, venía de la carnicería del barrio y le habían dicho de buena tinta que Milton era un sinvergüenza y un canalla. Milton, en cierta ocasión, mientras hacía el amor con Karen, le describió la forma con que se solía despedir de él la gata amarilla, cómo eran sus besos e intentó imitarlos y le salió a la perfección. Los ojos de Karen se llenaron de rabia pero en los ojos de Milton no encontró más que una descripción; la gata amarilla no era la mujer de Milton y Karen se quedó tranquila. Muchas veces le entraban cortos ataques de celos pero tenía la seguridad de que Milton le pertenecía (no en exclusiva), pero si tuviera en ese momento a la gata amarilla la lanzaría contra la pared y pisotearía sus añicos. La gata amarilla venía acompañada del brazo del gilipollas de su marido (como Karen lo definía) y de Pepe que venía con el veredicto en un pergamino con copia de papel de calco. Milton era culpable.
Cide Hamete entró en la Gran Sala. Milton gozaba cada vez que le veía moverse de esa manera tan rara, tan mágica, incluso tan comercial. ¡Cómo le gustaba verlo! Esta vez él también venía acompañado de “su sobrino” que le servía de porteador.
- Qu'est-ce que Monsieur? –preguntó el Juez Principal.
Cide Hamete paseó hacia adelante y hacia atrás, soltó sus pañuelos al aire, dio una vuelta, se acercó hasta donde estaba Milton y mirándolo a los ojos y volviendo hacia atrás exclamó:
- Los papeles de ella.
- ¿De quién? –Inquirió el Juez Principal- El tono era el que utilizan los jueces y fiscales, el de procurar encontrar la contradicción como prueba resolutoria

- De ella. –Cide Hamete no se arredraba, seguía con su baile. – De ella Monsieur.

viernes, 22 de noviembre de 2013

RELAPSO (II)

II
Milton amaba a su mujer. Tenía diferencias con ella a la hora de interpretar la palabra amor pero la amaba (tal vez la admiraba más que otra cosa pero, seguramente, el amor (léase cadena) fuera el nexo de unión que hacía que nunca la pudiera abandonar definitivamente. Milton la conocía desde la época en que fueron adolescentes y llevaban conviviendo más de treinta años. Los papeles grises que ella no le pidió para seguirle se convirtieron en hipoteca, agenda de cuentas, trabajo continuo y “vida social”. Milton tenía una amante, Karen, veinte años mayor que él. Una noche, de novios, Milton y su mujer se despidieron como todas las noches porque a las diez había que estar en casa. La tarde había sido de las de meterse mano por debajo de la manta que los “ocultaba” de las miradas de la madre y la hermana de Milton mientras veían la televisión, esperando no sé a qué pero que a la hora o así desaparecían y podían hacer el amor y practicar más el juego clitoridiano. Milton envidiaba el placer que se descubría en su mujer. Le gustaba mirarla pero también le gustaba elevar la cuenta de polvos que llevaba en la tarde, seis, siete. Milton se encaminaba a darse un homenaje, cuatro o cinco blended, paquete de tabaco entero, bocadillo y a dormir. Esa noche Karen, estaba esperándole en la barra del pub.
- ¿Y Mauri? Preguntó a Karen.
Karen y Mauri estaban casados, pero no se llevaban bien; un día Mauri le hizo una afrenta a Karen, de la que, posiblemente, se iba a arrepentir para el resto de su vida, se enfadó con ella convencido de que le estaba poniendo los cuernos con no sé qué importador de sanitarios, hubo discusión y, en un momento acalorado (los dos eran muy educados y nunca se habían faltado al respeto) Mauri le dijo que si el de los sanitarios la follaba por detrás para no ver la barba y el bigote de Karen. Karen siempre había tenido algo de vello pero a veces se le notaba algunos pelos oscuros sin necesidad de que se pusiera al trasluz.
- Ni lo sé… No me importa, trabajando supongo ¿has follado lo suficiente?, respondió Karen.
Milton rió pero el tono de Karen, uruguaya (desde entonces Milton siempre ha considerado a los argentinos, a los chilenos y a los uruguayos como primos hermanos) no era el tono afectuoso de todos los días. Milton se sentía querido, más bien protegido, por Mauri y Karen, puede que fuera el hijo que siempre perdieron y que nunca tuvieron (no tengo muy claro si al cabo de los años tuvieron uno). Para romper el hielo Milton, ya cambiando el semblante a serio le dijo:
- ¿Quieres una copa?
- Si, pero no aquí, ¿quieres tomar una en mi casa?
Milton “alucinaba en colores”, esa invitación era lo que luego sería, el comienzo del abandono de su ombligo; a partir de ese día Milton sabría que no era el centro del Universo o en todo caso tendría que considerar que había más centros en el Universo y Karen era uno de ellos.
Al día siguiente Milton no era el mismo bajo la manta, viendo la televisión, su novia le miraba, él fumaba y fumaba pero su novia sabía que algo no iba bien; después de que se fueran su madre y su hermana echó seis polvos pero la cosa no iba bien.
Cuando volvió a ver a Karen, no sabía realmente que era ella: nada más lejos de aquella mujer culta de modales elegantes; incluso, tal vez el estilo si fuera el mismo, pero el pelo no era el mismo y las carnes tampoco. Pero era ella. Ella lo sabía realmente y Milton empezaba a sospecharlo. Serían las miradas.
- ¿Estás?
- Eso fue antes del desencripte ¿no?
Dos o tres años antes. Karen se paseaba con su utilitario a toda pastilla por las calles de Villaverde con las ventanillas abiertas y la radio a tope, iba y venía de El Korteinglés al gimnasio pegando acelerones y dando saltitos en su asiento al son de la música zumba, meneando la cabecita, con la boca sonriendo y mirando por encima de sus gafas de sol, cuando encontraba a Milton.
- Hooooola guaaaapo.
- Hola Karen, hola Princesita.

Una vez Milton recorrió doscientos kilómetros para vez a Karen, la había encontrado y desde ese momento no dejó de ser, de nuevo su amante. Seguía viviendo con Mauri; efectivamente tenía dos hijos (el desencripte juega malas pasadas) y Mauri no reconoció, después de tantos años a Milton. Milton dejó las drogas (que no el alcohol) pero Mauri cada vez fumaba más y bebía más y lo peor era que se había vuelto violento y tenía, de vez en cuando, algún que otro altercado y había que sacarlo de comisaría. Karen nunca le perdonó la ofensa del pasado. El desencripte de Karen llevaba buen curso pero Milton seguía pensando que faltaban papeles que Cide le había ocultado. No sólo eso, Milton era incapaz de concentrarse con el ir y venir de su mujer cambiándole la programación, poniéndole canales de salsa rosa, chismes, cotilleos y toda esa mierda que ponen en la tele para que el desencripte nunca pueda llevarse a cabo; siempre te dejas algo; o si no te ponían el tiempo, que siempre fallaba pero que era necesario si querías ir cómodo con Luci camino de la Corporación. A todo esto la Corporación se la tenía sentenciada a Milton. No había más que inconvenientes y trabajo tedioso; lo último fue un ensayo de Octavio que no sirvió de gran cosa. Milton tenía muy claro que tenía que dejarlo pero si el desencripte fallaba tendría que seguir con esa gentuza que sólo aspiraba a vivir con termomix y hacer viajes a Tallín o lo que tocara. ¡Verdaderamente una puta mierda! (Cuando no sale el desencripte, todo va mal, habrá que volver a visitar a Cide)

viernes, 15 de noviembre de 2013

RELAPSO (I)

RELAPSO
IEstos Episodios los encontró Milton, el día que perdió la pista de El Miserable, en un mercadillo de Villaverde; Cide Hamete Benengeli vendía pañuelos de alta calidad, éstos tenían la particularidad de provocar viento allí donde estuvieran. Sus pañuelos, foulards y túnicas de deseo eran conocidos en toda la zona pero la atracción que tenían se desvanecía casi siempre por el viento que siempre les acompañaba. Cide Hamete, entre venta y venta, hacía abdominales en las barras del aparcamiento de bicis, hablaba poco francés pero lo hablaba porque siempre daba un toque de chance a su venta, él era marroquí y se lavaba de vez en cuando. Cide Hamete conocía a Milton y sabía que algún día le haría la pregunta apropiada.
- Comment ça va? Monsieur.
- Ça va!, ça va?
- Ça va, Monsieur.
Hizo ademán de mostrarme los largos y blancos foulards, se retiraba hacia atrás y en un baile medido (aunque pareciera anárquico) dejaba ver como los vestidos y pañuelos se acercaban hacia mí mecidos por su aire, él me miraba a  los ojos para ver si comprendía lo que pasaba.
- ¡Son mágicos!
- Oui, Monsieur.
- Très jolie.
Hice ademán de seguir, un olorete de no bañarse en tres o cuatro días me hacía incómoda, no hostil, la permanencia prerregateante que siempre he odiado o al menos me ha incomodado, era como si en vez de pañuelos me fuera a vender alfombras (¿para qué coño quiero yo una alfombra?). Cide me agarró por el hombro.
- Tengo algo para ti.
- Ya era hora; supongo que el rollo regateante nos lo podemos evitar ¿no?
- Tengo lo que andas buscando.
Quedamos para el día siguiente. Cuando apareció parecía un porteador de los que pasan la aduana española con Marruecos. Llevaba un saco grande de yute a su espalda, otro más pequeño y una bolsa de Karrefour de asas largas al hombro, que agarraba con una mano y con el codo presionaba para que no se escapara su interior y allí estaban, delante de mí, los papiros encriptados en el tiempo, listos para su traducción. Me contuve como pude pero Cide advirtió el sobresalto que ocasionaba en mí todo aquel material; - Me va a sacar las tripas, pensé.
- ¿Cuánto?
- Ça va.
- Ça va?
- Oui Monsieur.
Puse cara de póker, aquello debía estar en el puto juego del regate, pero no fue así. Me acompañó hasta el maletero del coche y me dijo:
- Imposible vender, ce mal.
Movía las manos como si estuviera atrayendo los pañuelos que ahora no llevaba y me daba la impresión de que estaba feliz de poder despojarse de ellos.
- ¿Por qué no te has deshecho de ellos antes?
Me miró como si estuviera escupiendo a Dios, se alejó y sin mirar diciendo:
- Ça va.

- Je pense la même chose. Grité.

domingo, 10 de noviembre de 2013

CUENTOS PARA NIÑAS GRANDES

CUENTOS PARA NIÑAS GRANDES
Había una vez una princesa que no podía dormir porque una ranita motera croaba sin cesar, todas las noches, en el estanque de palacio.
La Tata Madrina le dio la solución...
"Haz la pregunta adecuada y tendrás la respuesta adecuada"
La princesa, perpleja, se quedó un rato pensando.
¿Qué pregunta sería la que le diera la respuesta adecuada?; pero, tenía mucho que hacer, tenía que darse el nuevo maquillaje de la Srta. Pepis y luego ir de compras al Korteinglés. Así que, la pregunta la pensaría más tarde.
Los días pasaban y la princesa se olvidó totalmente del oráculo de la Tata Madrina; la ranita seguía noche tras noche croando en el corazón de la princesa con lo cual seguía sin dormir.
Un día, el día de los Epífanos, la princesa esperó a las seis de la mañana a la ranita para besarla, convertirla en príncipe y así escapar en un Ferrari F50 a ver mundo pero ese día la ranita motera no croó, la magia del día de los Epífanos escapó de la dulce princesa.
-¿Dónde estará la rana? -¿Por qué no canta? se preguntaba la princesa, obviamente engañada porque la rana de este cuento no es la rana que se convierte en príncipe: ese es otro cuento.
La ranita se pasó toda la noche de charca en charca en busca de la Tata Madrina; ésta había sido raptada por el mago Frestón y así la princesa, hechizada, no podría ver a su rana aunque la tuviera delante. La ranita, de todas formas, dejó dos letras impresas en el espejo de la princesa, TQ.
Mucho tiempo antes de que esto sucediera, la princesa de este cuento iba de un lado para otro, como siempre, riendo, saltando y jugando, a su antojo, incluso cuando pasaba por delante del perro Romano, cancerbero de las mazmorras de palacio y que a la princesa le daba miedo. Este hecho llamó la atención de Luz, vigilante del Olimpo, que tenía a su cargo la seguridad de la princesa.
¿Por qué la princesa cantaba y reía aún pasando miedo?
Luz determinó mandar a la ranita motera para averiguarlo.
Mientras tanto, uno de los pretendientes de la princesa, el Capitán Pescanova se deshacía día y noche por haber perdido el barco que le llevaría a la Tierra de Punt, tierra prometida para los caídos en la otra vida y que por perderlo, jamás podría llegar por muchas vidas que viviera y sabiendo una tras otra que nunca, nunca...que nunca lo conseguiría. Y en su tormento pasaba horas y horas confundiendo a su amor con el barco perdido y, jugando con su destino, mandaba poemas a su amada escritos sobre hojas de plátano, que el arroyo siempre cantarino llevaría hasta las fuentes de Palacio.
Bucear hasta el fondo de tu aroma
y sacar perlas, jugosas, de tus labios;
naufragar en las aguas de tus ojos
y querer seguir naufragando,
bajo la lluvia,
aunque estuvieras lejos.
Beber el zumo de tu cáliz
y abatido, caer, ya sin tabla salvadora, para no retornar.

Fdo.: tu Capitán Pescanova.

OHNE DICH - SIN TI

OHNE DICH - SIN TI
¿Cuánto tiempo llevamos intentando ser nosotros mismos sin querer serlo?
¿Cuánto tiempo llevamos queriendo ser libres sin querer serlo?
¿Cuánto tiempo llevamos siendo felices sin querer serlo?
¿Cuánto tiempo pasará hasta que comprendamos que el tiempo pasa?
¿Cuánto tenemos?
¿Cuánto perdemos?
¿Cuánto cuesta la libertad?

¿Cuánto es? Yo lo pago.

viernes, 25 de octubre de 2013

SIEMPRE ES SIEMPRE

SIEMPRE ES SIEMPRE
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.
Siempre es siempre.

Siempre es siempre.

viernes, 18 de octubre de 2013

2011

2011
Mensajes para mi amada desde la distancia. Con el convencimiento de ser tan de ella que todo lo que veo es con ella y con ella disfruto porque ella está ahí, siempre.
Siempre estás.
Siempre estás.
Siempre.
Siempre estás.
Siempre.
Y me haces reír,
y gozar,
y jugar.
Y creer que soy el rey porque te tengo.
Siempre estás.
Siempre.
Siempre estás.
Siempre.
Y he crecido en la dirección que tanto necesitaba; y he tenido,
y sigo teniendo todo lo que necesito.
Porque siempre estás.
Siempre.

Siempre.

viernes, 11 de octubre de 2013

DE TU PROPIEDAD

DE TU PROPIEDAD
Esta es la propiedad que has labrado,
surco a surco, sueño a sueño;
surco y sueño;
el rabilargo pasea cerca, sin miedo,
porque estoy lleno de ti;
el sol, incapaz de elevarse,
quiere ser parte
y dar calor a esos surcos hechos de sueños;
el viento azota la tierra y el aire, y
el rabilargo pasea cerca, sin miedo,
pequeño compañero del que es propiedad de lo que has labrado;

surco a surco, sueño a sueño.

viernes, 4 de octubre de 2013

ESTO ES MI REINO

ESTO ES MI REINO
Esto es mi reino.
Ni palacio, ni cash, ni futuro;
cuerda floja que aprieta el talón y lo lesiona
cada vez más;
en el horizonte tú, y en cada paso que doy tú.
Esto es mi reino.
El reino de los lelos.
El reino de los fracasados.
El reino de los que tenemos todo menos lo que todos quieren.
El reino que no tiene reina porque está encarcelada.
El reino que tiene rey porque yo soy ese rey y sigo vivo.
El reino de los que sueñan y perturban y sólo ellos tienen el poder de la mente.
El reino que hace sospechar del rey.
El reino que siempre tiene que jurar.
El reino que te puedo dar.
Esto es mi reino.
Ni palacio, ni cash, ni futuro; cuerda floja que aprieta el talón y lo lesiona
cada vez más;
en el horizonte tú, y en cada paso que doy tú.

Esto es mi reino.

viernes, 27 de septiembre de 2013

LA PARADA BIOLÓGICA

LA PARADA BIOLÓGICA
-¡Menudo frenazo he metido! Todas las almohadas de la parte trasera se me han venido encima y encima atasco, atasco, atasco. Atasco y vuelta a empezar, Karen me confunde la voz con la de un desconocido, no consigo dar un paso, no valgo ni para currar; no hay nada fuera, nada me vale, no hay enfoque ni ganas. Bueno, ganas si pero sin ganas. Estoy vencido. Joaquín hablaba de la parada biológica. ¡Pero si un simple paseo me agota! ¿Que soy un nerviosillo? ¿Dónde coño está el mar?
Se ha jodido el reloj. La maquinaria ha olvidado qué ruedas eran las que se movían primero y lo peor es que en algún momento, se mueve para luego pararse. ¡Me cago en mi puta madre! ¡Me estoy muriendo! ¿Dónde estás? ¡Sácame de aquí! ¡Quiero vivir!
- Ahora te jodes, cabrón. Qué lejos está todo ahora, ¿verdad?
- Por mis santos huevos que salgo de ésta, y me devolveréis el tiempo perdido.

Y danzaré.

sábado, 21 de septiembre de 2013

PAPEL

PAPEL
Nunca ha estado más lejos esa cabellera que envuelve la cara redonda, blanca, cicatrizada, de ojos de almanaque y a veces de válvula soltando aire, de leche verde, de nueces y almendras verdes y azucaradas; ahora puedo escribir y quiero sentirla en el paso, en el aire después de que ha escampado, en el desarrope, en el bajar de gafas de sol y de pestañas, en el sentirla fuerte, con mando, segura de lo que no hace. Nunca ha estado tan lejos porque voy a tener que sostener su papel en el teatro de su vida, voy a tener que interpretar, sentirla interpretando, corrigiéndome el modo de actuar para que no sea posible el guión que creo cierto y no puedo declarar. Me asignaré su papel porque conoce mis pasos pero no los que daré, por ello donde el guión diga creo, diré es y donde las lágrimas  crucen mis pezones patearé la causa de mi existencia para que sea posible el milagro. Una realidad como solución, una apuesta segura y un profundo descanso que me lleve a lo que ya creía que había olvidado. Soy parte de él y escapo tantas veces como él me busca; no me resigno a no tenerlo y anoto en mi corazón borracho de lágrimas y de semen la posibilidad de que no huya como siempre ha huido. Ahora que ya he asumido el papel, empezaré dándote los buenos días, mi amor, ya que has llamado a mi puerta y has entendido las normas de educación.

- Buenos días, Princesa; me dirás y el día, otra vez lluvioso, marcará los momentos en que sea imposible dar un paso sin saber de ti.

jueves, 12 de septiembre de 2013

SERÁN LOS ASTROS

SERÁN LOS ASTROS
La parte mezquina que todos llevamos, la que sobresale por encima de lo que has creído que era todo superior, la que aprovecha el descuido o lo que es peor la que fagocita todo lo que has entregado. Esa es la que mató, no el amor porque ello era imposible en la biología de X, sino la creencia en el amor. Desde ahora la melancolía, la tristeza, la cabeza baja, el cuerpo caído, la elegancia muerta de la rutina ignorada, el descuido en el aseo, las vueltas y vueltas, el cigarrillo ajeno, la celda de todos los días. Todo por esa parte mezquina, egoísta, no verdaderamente oidora, la que nunca está aunque le digan y le digan, la del sarcasmo ante la pena, cuando de verdad es pena; la del que mira a otro lado cuando le piden una limosna. Primero, tal vez no fue primero, su editora le dijo:
- Tú no eres poeta
- ¿Qué no soy poeta? (¿A poet?)
- ¡Querrás decir que no soy homosexual!
- Eso.
- ¡Ah, eso es otra cosa!
(Me inquietan sus rechazos cuando el bulto aprieta. Así que el mar, las plumas, el azul y el bulto ¿se referían al bulto del paquete? Sorprendente, pero muy posible, lo dejaré para la tercera lectura. ¿Hablaré por las noches en sueños? ¿Diré su nombre?)
- ¿Será que, de nuevo, la tristeza la invade, cada vez más?
Parece que lo ha asumido. Serán los astros, la Luna siempre se interpone y ellos brillan con luz propia, no necesitas descansar, necesitas un descanso. Iba de verde, de verde claro y brillante. Su melena rubia tapaba la mitad de su mirada, la luz que salía de su cara era clara y desnuda. Una chiquilla vino a verme y se fue triste y madura. Nos separamos, tal vez para siempre y el amor, y la ilusión y lo que hicimos y el querernos tanto. (Hemos dormido bien, estamos cansados. Mi inteligencia me dicta que no puedo dejarte, eres vital para mí. No vuelvas a decir que eres una gilipollas.

Pasó la tormenta y el tedio
de la palabra queda en el olvido.
Iba de verde, de verde
claro y brillante,
y la sigo teniendo en el corazón,
mi vida, mi amor,
sigo vivo.
Sigo vivo.

Estos fueron los últimos gritos de amor de X, hasta que escupió el beso de la codicia o lo que es peor le supo a pánico. El ratón ya estaba en la jaula, daría vueltas a la noria hasta que, cansado, se ahorcara como única salida.
Después ella se lo confirmó. La mirada lejana, el viento que despeina al espantapájaros. La mirada lejana y una arcada cerebral que agarrotó todo, hasta lo que hicimos.
Una chiquilla vino a verme y se fue triste y madura.
- ¿Madura? ¡Cómo que triste y madura! Me hace mucha gracia ¿por qué madura?
- Si, madura; no lo sé, es posible que lo que pretendo se haya intentado antes, las cosas cambian ¿estás? Sólo tengo que afinar. Técnicamente ahora es más fácil que cuando no existía internet. Ahora se "interactúa" pero si no consigo amansar mi vanidad no llegaré al público que pretendo, de todas formas mira las fechas, nuestros estados de ánimo cambian con facilidad y siempre hay un antes y un después. No tengo la facilidad de Bretón ni, mucho menos, la de Raymond Roussel para describir matemáticamente el estado de nuestra materia y además aburriría el perder la idea. Prefiero la idea (concepto) sobre la descripción. Sobre las ideas podemos actuar.
- ¿Triste?
- Me lo pareció, de todas formas, sólo de pensar en el trabajo tedioso de la clasificación de mis entregas me dan escalofríos. Ahora temo perderte porque percibo tu intranquilidad. Puede que no esté loco por tí, ¿no? Puede que esté loco de atar.

Y con ello obtendrías el escape.

viernes, 6 de septiembre de 2013

TENSO

TENSO
He podido descansar. La siesta, larga, ha dado una tregua a la adicción que tengo por Karen.
- Pero, tú, verdaderamente ¿la amas? 
- Amo a la mujer de Stripped.
- Entonces ¡amas a Karen!
- Ciertamente, se parecen mucho, es posible que sea la misma mujer, ahora que me fijo. Karen tiene unas tetas preciosas y una pistola siempre lista para disparar.
- Te noto tenso.
- Va a ser, desde ahora, muy difícil, no estar tenso.
- Ella lo sabe ¿no?
- Sabe que me encuentro incómodo en algunas situaciones. Cree que me incomoda ir de traje.
- ¿Vas a poder con ella?
- No quisiera. Karen es así y debe seguir siendo así.
- ¿No quieres comprometerte?
- Me comprometería con ella para toda la vida.
- ¿Cual es el problema?
- No es un problema; es su impulso vital, su hacer en el preciso momento; le digas lo que le digas.
- ¿Te refieres a que pasa de tu condición física?
- Llámalo así, cuando le dices que tengo algo que hacer, me llama y te dice "quiero" o no te lo dice pero sabes que tienes que estar.
- ¿No te estarás haciendo tacos en la cabeza?
- ¿Más? ¿Sabes lo que es querer tenerla y tenerla y no poderla tener?
- ¿Quieres que lo dejemos para mañana?
- Si, será lo mejor.
- Dime una cosa ¿te ves con ella?
- Cada vez más.
************
- ¿Cómo te encuentras?
- Bueno, la idea que traía se ha esfumado y era buena.
- ¿Concluyente?
- Aclaratoria, más que nada.
- Debes dejar de aclarar las cosas o ¿lo haces por ti?
- Es muy difícil decir a la gente que quieres todo lo que te está ocurriendo, tan de repente; la imagen de las motos incendiadas de Easy Rider empieza a ser una sombra de algo que he debido de sobrepasar más de una vez. Ahora no tengo muy claro cómo va a ser: si estrellado, con un tiro en la cabeza, o...
- Será de paro cardíaco, a este paso.
- Estoy entrenado, creo.
- ¿Entonces?
- No quiero arrastrar a nadie conmigo.
- ¿Eso te produce tensión?
- Tú sabes mejor que nadie hasta dónde puedo llegar.
- Es posible, entonces, que una borrachera deje libre el camino.
- En este caso no dejaría más que incertidumbre. Comparar esta situación es complicado, pero... veamos, intenta comprender lo siguiente: - Karen soy yo y su hijo es Karen-, todo lo que tiene ella en la cabeza y todo lo que la rodea, se supone que el chico no lo sabe, pero Karen es la madre de un niño que no es tonto.
- Si eso fuera así, Karen no insistiría. Sería descabellado seguirte.
- Ahí te equivocas, porque Karen, cree en ella y esto no tiene nada que ver con la intervención que haya podido tener yo en todo esto. Karen, ya sabe, que si cierra los ojos y sueña con ello, lo consigue; aparte es mujer y me conoce muy bien, no en lo técnico, porque se despista con frecuencia pero si en el fondo, los pasos que está dando son pasos inteligentes y hasta medidos y empieza a gustarse porque puede con todo.
- ¿Qué vas a hacer?
- Quererla, es lo único que puedo hacer y se lo merece ¿no crees?
- ¿Damos un rulo para despejarnos?
- Ok. ¿Sabes una cosa? Una vez me dijo que si estaba haciendo un estudio sociológico.
- Chica lista.
**
- ¿Mejor?
- Mucho mejor. Gracias.
- ¿Cómo llevas la cuestión dinero?
- Hace como con todo, le da todo igual, siempre que no le toque a ella, claro.
- Esto te va a costar caro, colega.
- Está acostumbrada a buen tren, la crisis no le afecta. Es una Princesa, acuérdate.
- ¿Sabes que vas a tener que compaginar el Deutsch con el inglés? isn´t it?
- No paro pero todo se lo debo a ella, lo que daría por tenerla ahora conmigo.
- ¿Ahora?
- Si. En el ahora de tenerla y besarla y de que me incordiara y no me dejara trabajar.
- Hay que trabajar. Es mejor para ti.
- Si sigo con la intención de seguir comiendo todos los días, si.
- No hay quien te entienda, ¿quieres que esté para incordiarte?
- Cuando rellenas tu vida de absurdas rutinas necesitas alguien como ella para seguir viviendo.
- Y continuar rellenando con rutinas.
- Ese es el pánico que me entra, el que hace que, cuando mejor estoy, salga de najas. El miedo a la rutina; creo que me moriría de pena si no soy capaz de salir.
- Te noto tenso.
- Ahora me lo noto yo.
- ¿Cómo decías que te puso? ¿"cara de trueno"?
- Si. Acaba, me voy con Apollinaire.
- Buenas noches, "cara de trueno".
- Buenas noches, colega.

TQ.